La Anaconda : identificacion descripcion anatomia habitat origen y evolucion
alimentacion, orden, distribucion, reproduccion, sub especies, ofidios...
LA ANACONDA VERDE




Nombre Científico : Eunectes murinus

Familia : Boidos

Suborden : Ofidios

Orden : Escamosos

Clase : Reptiles

Identificación : Cuerpo grueso y corpulento y coloración muy críptica (fondo pardooliváceo con manchas negras en el dorso y anillos de centros ocráceo en los costados).

Tamaño : Hasta más de 8 m de longitud.

Peso : Las hembras, que son cinco veces más voluminosas que los machos, pueden llegar a alcanzar los 200 kg de peso o quizá más.

Distribución : Cuencas del Amazonas y del Orinoco; Isla de Trinidad.

Hábitat : Marjales, orillas lacustres y ríos de curso lento en zonas de bosque tropical y de sabana.

Alimentación : Los adultos se alimentan de aves y mamíferos, y ocasionalmente de tortugas, peces y caimanes.

Reproducción : La anaconda verde es vivípara y puede partir hasta más de 70 crías.



Denominada yacumama, la “reina del río”, por los indígenas peruanos, la anaconda verde es la más corpulenta de todas las serpientes: puede superar los 9 m de longitud y es capaz de engullir capibaras de 65 kilos y caimanes de casi 3 metros. Sin embargo, el estudio de este reptil se ha visto dificultado por sus costumbres huidizas, lo que explica la escasez de investigaciones efectuadas hasta la fecha. Se conocen, eso sí, algunos detalles de su ciclo vital, como esas extrañas “pelotas reproductoras” en las que varios machos pugnan durante semanas para aparearse con una sola hembra. Pero aún no se sabe a ciencia cierta cuál es la dieta precisa de esta serpiente, qué vegetación prefiere, cuáles son los hábitats que ocupa con más frecuencia o cuál es su temperatura óptima.




ORIGEN Y EVOLUCION



Las serpientes primitivas


Aunque el fósil de serpiente más antiguo que se conoce tiene unos 95 millones de años de antigüedad, los datos paleontológicos parecen indicar que los ofidios se separaron de los saurios no iguanianos (los primitivos escleroglosos que ya habían empezado a agarrar los alimentos con las mandíbulas) durante el Jurásico, hace más de 140 millones de años. Del mismo modo que las actuales “serpientes ciegas” y que muchos lagartos sin patas, los primeros ofidios debían de ser animales de pequeño tamaño que capturaban diminutos invertebrados.


Posteriormente, en tanto que sus mandíbulas adquirían mayor tamaño y se volvían más flexibles, algunas de estas serpientes primitivas comenzaron a perseguir presas mayores. Con ellas se iniciaba la línea evolutiva de los aletinofidios, cuyos representantes actuales más “primitivos” (Anilíidos, cilindrófidos, etc.) son ofidios excavadores que, dotados de una boca más amplia y flexible que las serpientes ciegas, ya pueden alimentarse de vertebrados alargados, a veces de gran tamaño.



Los aletinofidios


Mientras esta primera rama de los aletinofidios se especializaba en la captura e ingestión de presas alargadas y “detenía” el desarrollo de la abertura bucal y la flexibilidad del cráneo, en otras línea del mismo grupo se iba acentuando esta tendencia. A finales del Mesozoico esta segunda línea ya estaba bastante diversificada e incluía serpientes similares a las actuales boas cuyas grandes modificaciones craneales les permitían tragar presas de mayor tamaño y de formas muy diversas.


Como los actuales pitones, boas y otros macrostomados –pues éste es el nombre que recibe la segunda rama de los aletinofidios-, estos antiguos ofidios ya utilizaban la constricción, un comportamiento que permite inmovilizar presas mucho más corpulentas y nutrirse con menso frecuencia. Algunos de estos ancestrales boidos –como, por ejemplo, Madtsoia bai- alcanzaban los 10 m de longitud y rivalizaban, por tanto, con la actual anaconda verde.



El linaje de las anacondas


Durante el Eoceno los boidos empezaron a ocupar el hemisferio norte, donde el grupo de los ericinos se diversificó al tiempo que otros grupos florecían en el sur. La diversidad de los boidos sin embargo, disminuyó mucho durante el Oligoceno y sobre todo a principios del Mioceno, cuando la radiación evolutiva de los ofidios colubroides empezó a tornarse explosiva. Esta disminución del Mioceno, sin embargo, no fue obstáculo para que en Sudamérica apareciera el género Eunectes, es decir, para que se iniciara el linaje de las anacondas.


Aunque l superioridad competitiva de los más modernos colubroides no está probada, lo cierto es que los macrostomados “primitivos” actuales están muy diversificados en regiones como las Antillas (con 25 especies de boas) y Australia (con 19 especies de pitones), donde no existen esos homólogos colubroides de boas y pitones que son las víboras. Otra explicación del declive de boas y pitones frente a los colubroides es su menor adaptación a los crecientes cambios de clima que trajo consigo la era Terciaria, como parece indicar el hecho de que la gran mayoría de las especies actuales, y entre ellas las anacondas, vivan en los trópicos.




TODAS LAS BOAS



Aunque las boas verdaderas, los pitones y las boas de arena se han clasificado a menudo en la misma familia de los boldos, es probable que este grupo comprenda, en realidad, dos o tres linajes distintos dentro de los macrostomados primitivos. Ésta es, en todo caso, la opinión del herpetólogo H.W. Greene, cuya clasificación adoptamos aquí. De acuerdo con Greene, los pitones constituirían una familia aparte, cuyos 8 géneros y 27 especies nos e describen en estas líneas. Sí se describen, en cambio, los ericinos, que según Greene podrían no estar estrechamente relacionados con las boas verdaderas (Boinae), así como las dos familias de macrostomados primitivos que, sin pertenecer a l familia de los boidos, también reciben el nombre de boas.




SUBFAMILIA BOINAE



Boas del Pacífico


(Género Condoia)Las tres especies del género Condoia limitan su área de distribución a Nueva Guinea, las islas Salomón y otros archipiélagos vecinos. La boa víbora (C. aspera) y la boa terrestre del Pacífico (C. carinata) son serpientes pequeñas que rara vez superan el metro de largo; la primera de ellas tiene el cuerpo grueso y, como indica su nombre, es posible que mimetice a los peligrosos elápidos del género Acanthophis o “víboras de la muerte”. La boa arbórea del Pacífico (C. bibronii) es más esbelta y alargada (alcanza los 2 m) y, contrariamente a sus congéneres que a veces son activos durante el día, es estrictamente nocturna.



Boa constrictor


(Boa constrictor)Esta emblemática especie no alcanza en absoluto las dimensiones de la anaconda verde o de los grandes pitones: aunque puede llegar a los 4,5 m, rara vez sobrepasa los 3 m. Extendida por América tropical y subtropical, desde el norte e México hasta Paraguay y Argentina (y en algunas islas caribeñas), no sólo se encuentra en las selvas tropicales sino también en otros tipos de hábitats, incluidos los semidesiertos, donde se alimenta de iguanas y otros lagartos, mamíferos (como agutís, tamandúas y ocelotes) y ocasionalmente de aves.



Boas de Madagascar


(Género Boa)Clasificadas hasta hace poco en los géneros endémicos Acrantophis y Sanzinia, han sido incluidas recientemente en el género Boa. La boa de Dumeril (B. dumerili) y la boa terrestre de Madagascar (B. madagascariensis) viven cerca del agua en bosques tropicales, sabanas y lineros forestales, y rara vez superan los 2 m de largo. Más pequeña aún es la boa arbórea de Madagascar (B. mandrita), que tiene una corta cola prensil y recuerda a las boas del género Corallus.



Boa arco iris


(Epicrates cenchria)Así nombrada por el brillo irisado de sus escamas, esta pequeña boa (apenas supera los 1.5 m) se alimenta sobre todo de roedores. Contrariamente a sus congéneres caribeños, tiene un área de distribución muy grande, que se extiende desde Costa Rica hasta la provincia Argentina de Córdoba.



Boas del Caribe


(Género Epicrates)Las otras nueve especies del género Epicrates se distribuyen por las islas caribeñas y sus dimensiones varían desde los casi 4 m de la boa de Cuba (E. angulifer) hasta los 77 cm de longitud máxima de la boa de la isla Mona (E. monensis). Los otros miembros del grupo son la boa de Jamaica (E. subflavus); la de las enredaderas de la Española (E. gracilis); la de Puerto Rico (E. inornatus); E. chrysogaster, de las Bahamas y Turk y Caicos; E. exul, de las Bahamas; E. fordi, de la Española, y E. striatus, de la Española y las Bahamas.



Xenoboa cropanii


De esta especie de pequeño tamaño (cerca de 1 m de longitud) se conocen únicamente unos pocos ejemplares, que se han encontrado en el estado brasileño de Sao Pulo.



Anacondas


(Género Eunectes)Además de la anaconda verde, existen otras tres especies del género Eunectes: la anaconda amarilla (E. notaeus), la de Deschauensee (E. deschauenseei) y la de Barbour (E. barbouri). Todas ellas son semiacuáticas, con ojos y narinas dorsales; su distribución se limita a Sudamérica tropical, y ninguna alcanza las dimensiones de la anaconda verde.



Boas arbóreas neotropicales


(Género Corallus)Los cuatro miembros de este grupo pertenecen al género Corallus. La boa esmeralda (C. caninus) de Sudamérica tropical muestra una sorprendente convergencia evolutiva con la pitón verde de Nueva Guinea (Morelia viridis), tanto en lo que se refiere a la coloración del adulto como a la variabilidad cromática de las crías, a la forma del cuerpo y a su modo de enroscarse en una rama cundo descansa en la bóveda selvática. Las otras tres especies tienen también la cola larga y muy prensil, la cabeza grande y el cuerpo bastante esbelto; son la boa arbórea común (C. hortulanus), la boa de Cook (C. enydris) y la boa de Costa Rica (C. annulatus).




SUBFAMILIA ERICINAE



La mayoría de los ericinos están adaptados para excavar en sustratos blandos y de ahí su nombre común de “boas de arenas”. El género Eryx, que de nombre a la familia, cuanta con once especies distribuidas por el suroeste de Asia y el norte de África. Una de ellas, la boa jabalina (E. jaculus), no sólo vive en Asia Menor sino también en el este de Europa; otra, la boa de arena de Arabia (E. jayakari) muestra varias adaptaciones para vivir en los sustratos arenosos, tales como una superficie ventral cóncava y unos ojos y narinas dispuestos dorsalmente. Los ericinos cuentan también con dos especies en el Nuevo Mundo; la boa de goma (Charina bottae) del noroeste de Norteamérica y la robusta boa rosada (C. trivirgata) del suroeste de Estados Unidos y del noreste de México. Una tercera especie de este género, la boa excavadora de Calabar (C. reinhardtii) vive en las pluvisilvas del oeste de Africa y es una de las pocas boas ovíparas.




FAMILIAS TROPIDÓFIDOS Y BOLIÉRIDOS



Denominados respectivamente boas enanas y boas de la isla Redonda, los tropidófidos y los boliéridos pertenecen a un linaje algo más reciente que los boidos y los pitónidos. Los cuatro géneros de boas enanas se distribuyen por América ecuatorial; son nocturnas y vivíparas, y algunas especies tiene una coloración muy brillante; una de ellas, la boa enana de Oaxaca (Exiliboa placata) fue descubierta en 1968. Las dos únicas especies de boliéridos (Casarea dussumieri y Bolyeria multocarinata) son exclusivas de la isla Redonda, en el Indico. La primera, que es ovípara y se nutre de geckos, está amenazada de extinción. La segunda, cuya biología se desconoce, está probablemente extinguida desde los años setenta.




MEDIO NATURAL



Distribución y posible origen


La mayoría de las boas propiamente dichas (boidos de la subfamilia Boinas) se distribuye por América tropical, incluidas las islas del Caribe, donde el género Epicrates cuenta con numerosos endemismos. La anaconda verde, que es una de ellas, se distribuye por Sudamérica tropical al este de los Andes, sobre todo por las cuencas del Amazonas y del Orinoco, y también por las Guayanas y la isla de Trinidad. Unas pocas boas verdaderas –las del género Candoia- vive en Nueva Guinea y las islas vecinas, lo que no deja de ser un enigma, ya que es difícil saber si sus ancestros llegaron por mar desde Centroamérica como sucedió con las iguanas del Pacífico o sí, por el contrario, los boidos se originaron en la región australiana, como los pitónidos, y colonizaron luego América.


Sea cual fuera el sentido de esta dispersión, el género Eunectes parece estar más relacionado con las boas Condoia que con los demás boidos, lo que indica que o bien algún ancestro de las anacondas viajó hacia el Pacífico o bien éstas descienden directamente de alguna ancestral boa del Pacífico. Desgraciadamente, la escasez del registro fósil en este orden de vertebrados de esqueleto frágil impide decantarse por cualquiera de estas dos hipótesis. Por la misma razón, tampoco podemos descartar por completo la idea tradicional de que los actuales boidos descienden de un antiguo grupo de macrostomados –las grandes Mastoia, cuyos fósiles se han encontrado en Madagascar, África y Sudamérica- que poblaba el continente de Gondwana, pese a que esta hipótesis no logre explicar por qué la boa constrictor está más estrechamente emparentada con las boas de Madagascar que con otros boidos de Sudamérica, incluidas las anacondas.



Hábitats



Los boidos ocupan una amplia variedad de hábitats, desde los más áridos desiertos hasta las más exuberantes pluvisilvas. La mayoría de los ericinos del género Eryx, por ejemplo, son formas excavadoras que suelen vivir en zonas arenosas, si bien algunas especies como la gran boa de arena de la India (E. jobnii) prefieren vivir en suelos arcillosos. Por lo general nocturnas, las boas de arena viven en hábitats áridos, a menudo desérticos, donde se alimentan de lagartos, roedores y ocasionalmente aves. Menos terrestre que las boas de arena, la boa de goma trepa a menudo a los árboles para capturar pollos de aves, aunque, como buen ericino, también se refugia bajo las piedras, dentro de los leños huecos y entre la hojarasca. Algo más terrestre aunque a veces trepa a los matorrales, es la boa rosada, que se alimenta de roedores y otros pequeños mamíferos; a diferencia de la boa de goma, que prefiere los bosques y herbazales húmedos –aunque también se encuentra en zonas secas y frías-, la rosada vive en desiertos y otras zonas áridas.


En el otro extremo de estos boidos esencialmente terrestres están las cuatro especies del género Corallus, muy adaptadas a la vida arbórea en las selvas tropicales gracias a su potente cola prensil, a sus formas esbeltas y a sus fosetas labiales que les permiten detectar térmicamente los mamíferos arborícolas. Adaptaciones similares, pese a que su cola prensil es algo más corta, muestra la boa arbórea de Madagascar, que, por lo demás, frecuenta hábitats bastante diversos, no necesariamente forestales. Otras boas muy adaptadas a la vida arbórea son la boa de las enredaderas de la Española y, obviamente, la boa arbórea del Pacífico.
Curiosamente, la boa constrictor no es una serpiente arborícola. Principalmente terrestre, trepa a los árboles con movimientos lentos y constantes, y suele cazar en el suelo con una técnica de emboscada. Por lo demás, este reptil no sólo se encuentra en los bosques tropicales húmedos, las sabanas y las plantaciones de caña de azúcar –sus hábitats preferidos-, sino también en zonas de monte bajo rocosas y semidesérticas.


Las anacondas, por su parte, son semiacuáticas y pasan la mayor parte del tiempo acechando a sus presas sumergidas o semiinmersas en marjales, lagunas, orillas lacustres y remansos de ríos, en varios tipos de hábitats, desde densas pluvisilvas hasta zonas inundables de sabana. En realidad, las anacondas son tan acuáticas que no sólo cazan en el agua sino que incluso se aparean en ella; tampoco se alejan del agua cuando descansan en tierra firme, algo que suelen hacer entre la vegetación densa, y tan sólo las extremas sequías las obligan a refugiarse en oquedades húmedas hasta la llegada de las próximas lluvias.



Estado de las poblaciones



Si la historia natural de los boidos es todavía una gran desconocida, más difícil es aún conocer el estado real de sus poblaciones que, para la mayoría de las especies, es poco menos que una incógnita. Se sabe, eso sí, que en las islas del Caribe hay una serie de especies muy endémicas, como la boa de Jamaica, la de Puerto Rico y la de la isla Mona, que están amenazadas, entre otras razones, por la deforestación y por la introducción de mangostas indias, ratas negras y gatos domésticos. También es probable que el estado de conservación de las tres especies malgaches, habitantes de una isla cuyos hábitats se degradan día tras día, no debe ser muy halagüeño a pesar de la estricta protección de que gozan desde 1988.


Y se sabe, asimismo, que la mayoría de las especies de esta familia son perseguidas por su piel con verdadera codicia, sobre todo en las zonas más deprimidas. La anaconda verde es una de estas especies perseguidas y se calcula que cada año se venden ilegalmente miles de pieles para su uso en la confección de botas, cinturones y carteras. Como quiera que el censo de la mayoria de sus poblaciones se desconoce por completo, no es de extrañar que los científicos se preocupen por el futuro de estas especies. Mientras algunos abogan por una explotación controlada y sostenible en zonas donde se logre conocer a fondo su demografía, otros creen que lo mejor sería reforzar la prohibición de la caza y el control del furtivismo.




ANATOMÍA DE LA ANACONDA VERDE



La serpiente más corpulenta y pesada



Con un peso máximo que supera ampliamente los 200 kg y una longitud de más de 8 m, la anaconda verde es el más corpulento de los ofidios vivos; también es posible que sea la más larga de todas las serpientes, pese a que muchos herpetólogos opinan que en este ámbito la supera la pitón reticulada (Python reticulatus).


CABEZA

La cabeza es plana y pequeña pero extremadamente musculosa, con los ojos y los orificios nasales situados en posición dorsal. Contrariamente a la boa esmeralda y otras especies arbóreas, la anaconda verde no posee fosetas labiales; aún así, las terminaciones de algunos de sus nervios faciales son muy sensibles a las variaciones de la temperatura, lo que sin duda le ayuda a localizar animales de sangre caliente. Como todos los ofidios, la anaconda tiene una lengua bífida y protráctil que recoge las partículas olorosas del medio circundante. Cuando la serpiente vuelve a meter la lengua en la boca, introduce sus extremidades en dos cavidades huecas situadas en el paladar (el órgano de Jacobson). La conexión nerviosa de este órgano con el cerebro permite que la anaconda tenga en todo momento una información muy precisa sobre su entorno.


ESQUELETO

Como el esqueleto de otros boidos, el de la anaconda verde muestra vestigios de la cintura pélvica y de las patas posteriores. Estas últimas terminan en unos espolones en forma de garra, situados a ambos lados de la abertura cloacal, siendo más largos en los machos que en las hembras. La diferencia no sólo es morfológica sino también conductual, ya que los machos rascan a la hembra con sus espolones para estimularla, en tanto que esta última no los utiliza. Tanto los espolones como los vestigios de cintura pélvica atestiguan que los ofidios ancestrales poseían miembros posteriores bien desarrollados, lo cual no es de extrañar si se considera que este suborden tenía un ancestro común con los saurios no iguanianos y con las anfisbenas.




Mucho mayores que las escamas dorsales e imbricadas como ellas, las escamas ventrales forman grandes placas transversales que permiten adherirse eficazmente a los sustratos no acuáticos. Aunque la anaconda se desplaza sobre todo por ondulación lateral, utiliza también en ocasiones la locomoción rectilinear. Este atípico modo de locomoción consiste en estirar el cuerpo o parte de él en línea recta y mover la piel del vientre con respecto al cuerpo; tras impulsarse hacia delante por contracción muscular al tiempo que ansia sus escamas ventrales contra el suelo, la serpiente empuja dichas escamas hacia delante hasta un nuevo punto de fricción para repetir el proceso una y otra vez.


OJOS

Son pequeños y tienen la pupila elíptica y vertical típica de los boidos; aunque no proporcionan una visión muy aguda, su posición en lo alto de la cabeza permite mirar por encima del agua como si la anaconda utilizara un periscopio. Como en todos los ofidios, los párpados están soldados entre sí y forman una lente transparente encima del ojo.


ORIFICIOS NASALES

Están situados en lo alto del hocico, lo que permite que la anaconda respire con facilidad cuando nada en la superficie; cuando el ofidio se sumerge, los orificios nasales se cierran herméticamente.


DIENTES

Muy numerosos y afilados, son largos, cónicos y curvados hacia atrás, lo que facilita la captura y la deglución de las presas; como todos los boidos, la anaconda carece de dientes premaxilares.


MANDÍBULA INFERIOR

Se compone de dos mitades independientes que pueden moverse alternativamente sobre la presa, la posibilidad de separarla de la mandíbula superior fija hasta un ángulo de 180° permite capturar y tragar presas mucho más gruesas que el ofidio.


PIEL

Muy pobre en glándulas pero bien dotada de terminaciones nerviosas, tiene una dermis muy desarrollada, lo cual se refleja en las excelentes cualidades del cuero de anaconda verde (lo que no es precisamente una garantía para su futura supervivencia).




CICLO VITAL



Las pelotas reproductoras


Según muestran los escasos estudios de campo realizados hasta la fecha, cuando una hembra está disponible sexualmente emite una feromona olfativa que es detectada por los machos de la zona hasta una distancia de 5,5 km. Atraídos por el irresistible olor de la hembra y utilizando sus lenguas bífidas como antenas sexuales, los machos acuden y se apelotonan en torno a ella formando un grupo de apareamiento que el biólogo Jesús Rivas y su esposa Renée Owens denominan una “pelota reproductora”.
La cohesión de estos extraños grupos puede perdurar hasta cinco semanas y se supone que la fuerza que los mantiene unidos es el poder ineludible de la feromona.


Pese a su apariencia estática, las pelotas reproductoras son en realidad partidos de lucha a cámara lenta en los que los machos intentan introducirse por la fuerza, retorciéndose sin tregua, para poder aparearse con la única hembra. La existencia de estas pelotas plantea numerosas cuestiones, como por ejemplo si la hembra es fecundada por un solo macho o por varios; si el que mejor la estimula es el ejemplar de mayor tamaño o el primero en llegar junto a ella; o qué hacen exactamente las serpientes en estas pelotas durante tanto tiempo.



Apareamiento y cría


Antes de un apareamiento que puede durar varias horas, el macho que consigue introducirse rasca a la hembra con sus dos espolones para predisponerla sexualmente. Finalizada la cópula, el macho deposita una protección en la cloaca de la hembra, pero Jesús Rivas cree que sus rivales son capaces de sortearlo para depositar su propio esperma. Una vez fecundada, la hembra, que ha procurado llegar al apareamiento con la panza llena, no ingerirá alimento alguno durante los siete meses de gestación.


Vivíparas como los demás boidos, las hembras de anaconda verde pueden parir hasta más de 70 crías aunque por lo general este número oscila en torno a las 40, lo que equivale a la tercera parte de su peso corporal; si la progenie es más numerosa, el peso de la anaconda después del parto puede reducirse hasta casi la mitad. Contrariamente a los ovíparos pitones y al igual que los demás boidos, las anacondas no cuidan a sus crías y éstas, que miden entre 60 y 80 cm de longitud y poco más de 3 cm de diámetro al nacer, tienen que defenderse por sí mismas. Presa fácil de depredadores tales como ocelotes, caimanes y otros animales de menor porte, las jóvenes anacondas sufren una gran mortalidad durante su primer año de vida.


Pero la vida adulta también tiene sus peligros. Aunque las anacondas verdes son los depredadores más formidables en las escasas 20 hectáreas que constituyen su área de deambulación, capturar e ingerir un caimán de más de 2 m o un capibara de afiladas uñas no siempre es un asunto fácil. Muchas anacondas adultas muestran cicatrices causadas por estas breves aunque feroces luchas y hasta con que alguna de estas herida se infecte, o que la lesión infligida sea grave, para que la reina de las aguas quede expuesta al acoso de los otros depredadores de su entorno.




ALIMENTACIÓN



Caza e ingestión


Como todos los macrostomados primitivos, la anaconda verde mata por constricción y carece de glándulas de veneno. A menos que la presa sea tan pequeña e inocua que se pueda tragar viva, la serpiente se enrosca en torno a ella, apretando firmemente el cuello para evitar sus mordiscos, y la mata con un estrujón letal que detiene su respiración y su circulación sanguínea. Una vez cesan los últimos estertores de la víctima, la anaconda desenrosca sus anillos y, con sus mandíbulas muy dilatadas, inicia la laboriosa y a veces lenta tarea de engullirla.


Cuando se trata de una presa de grandes dimensiones, la ingestión, que empieza casi siempre por la cabeza, puede durar varias horas, hasta seis o más si el animal es de formas redondeadas. Si la presa es alargada y su piel no presenta grandes asperezas, la ingestión suele ser en cambio bastante más rápido. Como sucede con muchas otras serpientes, la piel del cuerpo es lo bastante flexible como para la presa se desplace por su interior sin dañarlo, empujada en su avance por la acción de los huesos de la mandíbula; como en ellas, la ausencia de cintura pectoral e incluso de esternón permite que la presa se deslice fácilmente desde la boca hasta la entrada del estómago, movimiento que se ve facilitado además por la flexibilidad de la costillas.



Presas principales


Hábil nadadora, la anaconda verde puede recorrer velozmente pequeñas distancias bajo el agua o en la superficie, donde es capaz de alcanzar la velocidad nada despreciable de 6 m/s. En tierra, por el contrario, sus movimientos son lentos y pesados, y de ahí su reticencia a abandonar el medio acuático. Pese a ello, los peces forman una parte muy pequeña de la dieta de esta serpiente; sus presas más usuales son aves acuáticas y roedores, incluidos agutís, pacas y el mayor de todos ellos, el capibara, una especie semiacuática que puede alcanzar los 65 kilos de peso.


Poco especializada en la elección de su alimento, la anaconda ataca también muchos otros tipos de animales, desde lagartos y tortugas acuáticas hasta pecarís y cérvidos a los que captura cuando van a abrevar. En ocasiones entabla duelos con caimanes de más de 2 m a los que por lo general consigue matar enroscándose en torno de su cuerpo. Tras un festín de estas proporciones, la anaconda suele quedarse en ayuno durante semanas o incluso meses. Entretanto, y hasta que la presa no ha sido digerida por completo, permanece inactiva y resulta vulnerable a la depredación. Si se trata de una anaconda adulta, esta vulnerabilidad sólo es teórica, ya que pocos animales se atreven con ella, pero no sucede lo mismo con los ejemplares muy jóvenes, que pueden ser presa de caimanes, jaguares, ocelotes u otros depredadores.




RÉCORDS DE LONGITUD Y ANACONDAS GIGANTES



Muchas historias tribales en puntos muy distintos de la Sudamérica tropical hablaban –o incluso hablan aún, como sucede con los indios bora- de anacondas gigantes de 30 m de longitud, lo cual impulsó a muchos expedicionarios de principios del siglo XX a ir en busca de estos reptiles gigantescos. Pese a que ya entonces la Sociedad Zoológica de Nueva York ofrecía una recompensa de 5.000 dólares a quienquiera que pudiera mostrar una anaconda viva o muerta de 30 pies de longitud (9,14 m), nadie fue capaz de ganarla. Ni siquiera la reciente oferta de 50.000 dólares de la Wildlife Conservation Society ha sido suficiente para que alguien pudiera capturar un ejemplar de estas dimensiones.


Para ganar estas recompensa no basta con mostrar una piel; desde que hace unas décadas unos estudios anatómicos demostraron que un pellejo de 12 m que había llegado a un museo norteamericano correspondía en realidad a un espécimen de 6 m –es decir, que la piel puede llegar a doblarse por estiramiento-, lo que se exige es mostrar el animal entero. De este modo, los únicos récords que se han verificado hasta la fecha son un ejemplar fotografiado durante la década de 1990 que medía 7,5 m de largo y otro encontrado hace unas décadas que medía 8,5m.


Existe, eso sí, una historia repetidas veces citada y bastante verosímil de una enorme anaconda que fue capturada en Colombia por unos buscadores de petróleo. Tras medirla con una cinta métrica y evaluar su longitud en unos 11,4 m, los trabajadores se fueron a comer. Cuando volvieron, la serpiente se había escapado y, con ella, la eventual y probable recompensa. Otros relatos más fantásticos, como por ejemplo el del explorador inglés Percy Fawcett que en 1907 habría matado una anaconda de casi 20 m en el remoto río Abuna, son más propios de la criptozoología y de películas de ficción que de la verdadera zoología.


En cualquier caso, nadie ha podido demostrar con fotografías o con la piel, y menso aún con el animal vivo o muerto, la autenticidad de sus hallazgos. Sí podrá hacerlo, en cambio, el investigador Jesús Rivas, si realmente consigue capturar la anaconda gigante que cree haber detectado en los Llanos de Venezuela. Para ello, el investigador tendrá que librar probablemente un arduo y peligroso combate. Aún así, y por mucho que esta serpiente llegue a superar el récord de longitud alcanzado hasta la fecha, tampoco es del todo seguro que logre rebasar el límite de los 30 pies y sea merecedora de la anhelada recompensa.




PARA IR A LA ENCICLOPEDIA ANIMAL PINCHE AQUI!!






Datos del Autor
Escribir al Autor
Agregar Comentario
Rankear este Aviso
Estadísticas

» FE


Tecnologia Rie.cl V2010